En elboletín número 11 del Observatorio de Desigualdades de Género en la salud, del grupo de Género de Sespas, dedicado al suicidio se puede leer (cito literalmente):
“[Los suicidios] son superiores en los hombres y aumentan con la edad. España no es una excepción, las tasas de suicidio según sexo son de 12,6 para los hombres y 3,9 para las mujeres, obteniéndose una razón de tasa de 3,3 a 1. En los últimos años se ha experimentado una mayor mortalidad masculina en personas ancianas y un preocupante incremento de las tasas en edades jóvenes, sobre todo en hombres. En España el suicidio de hombres mayores llega a alcanzar tasas de 35 por 100.000 habitantes entre 80 y 84 años y del 70 por 100.000 habitantes en mayores de 84 años. También los hombres jóvenes presentan tasas de suicidio elevadas, especialmente entre los 15 y 24 años y los 25 y 34 años con tasas de 6,7 y 11,5 por 100.000 habitantes respectivamente. Por el contrario, los índices de suicidio femenino han descendido, principalmente en las mujeres mayores de 84 años situando la tasa actual en 9,6 por 100.000 habitantes. También se mantiene relativamente estable en los colectivos femeninos más jóvenes, entre los 20 y 24 años y los 25 y 29 años, con tasas de 2,7 y 2,3 por 100.000 habitantes respectivamente”
La mayor presencia del suicidio en los varones se atribuye en dicha fuente a:
- El riesgo es mayor en hombres parados, jubilados o trabajadores en situación inestable.
- La atribución de la pérdida de empleo a fracasos individuales.
- El alcoholismo en hombres.
- La respuesta a la depresión mediante consumo de sustancias, inexpresividad emocional y agresividad.
- La utilización de métodos más agresivos para el suicidio.
- Ser reacios a buscar asistencia en casos de depresión.
- La menor conexión con los hijos (durante el embarazo, lactancia y cuidados de los niños).
En definitiva, parece que cuando los hombres no ocupamos el rol que socialmente se espera de nosotros (trabajo a tiempo completo) reaccionamos de forma más destructiva. De igual modo, nuestra educación sentimental (rehuir el apoyo profesional, inexpresividad, etc…), así como nuestra menor implicación con los hijos son factores que favorecen la mayor presencia del suicidio.